martes, 24 de marzo de 2020

La coja (borrador)

Fui a buscar a la coja, la trans que pide plata en plaza Italia, que según ella se llama Colomba. No la veo desde que me dijo que le "iban a cortar la pata". Se la fracturó cuando se tiró del puente, ese de los candados en Salvador. Me dijo que se tiró porque mataron a su amor y no dio más de la pena, pero que lo único que consiguió fue matarse el pie, que desde que la conocí tenía doblado como goma. Ese día se lo iban a cortar y justo antes supe que era VIH positivo, me contó porque me dijo que si no la volvía a ver era porque se había muerto de eso o porque la mataron. Igual antes me la encontré hartas veces, siempre cuando iba al forestal, y nos buscábamos conversa. Me pedía plata y yo le daba maní, coincidencia que cada vez que comía maní ella aparecía. Hace tiempo no como maní, será por eso que no la he visto? Siempre me preguntaba cosas de mí, pero qué más interesante que escuchar historias de ella. La eché de menos y pregunté a la gente que vive por esos lares, y por lares me refiero al lado del río, si la habían visto. Todos la conocen, pero lo único que me decían era "no la veo hace una semana". Raro. Me da pena y siento que si le pasó algo perdí a una amiga. Todavía me acuerdo la primera vez que se me acercó, aún estaba en el liceo. Me dijo que le gustaban mis dientes, y así fue cómo me reconocía cada vez que nos topábamos. Mi instinto canuto insistía en decirle que Dios la amaba más que nadie que hubiera conocido jamás, pero me daba cosa. Sabía que en su condición y con tanta gente en su vida que le debió haber dicho o haber hecho creer todo lo contrario me iba a mandar a la punta del cerro. Fui cobarde y nunca le dije que quería ser su amiga, y que si Jesús hubiera estado en la tierra también hubiese querido. Le pido al Señor que esté bien, o que al menos se haya sentido importante alguna vez antes de (ni Él lo quiera) haberse muerto. La comunidad trans es una de las más olvidadas por la sociedad (y más por los cristianos) porque si no se ven como las de la RuPaul o no son chistosas como las de la Botota, dan asco. Piensan que por sentarse a escucharles un rato y comprarles al menos un super8 se nos va a pegar el sida o nos vamos a volver menos santitos. Las marchas no les representan por el echo de que son discriminados y discriminadas dentro de los mismos LGBT, ensucian sus marchas con su mal olor, con la cara con rimel con tierra, con la ropa que se compran en Cal y Canto. Y qué decir de los cristianos, que en vez de recordar que Jesús murió tanto por nosotros, los que vamos a la iglesia y nos creemos bacanes por ser reformados, como por todos ellos, a quien se les presentó un Dios discriminador, un Dios que sentía asco por ellos porque nosotros les pusimos cara de asco cuando nos pidieron 100 pesos en la calle, seguimos sin atrevernos a mostrarles que para ellos también hay un camino de paz y decirles que si nadie más les amó ni escuchó con interés nosotros podemos hacerlo. Jesús lo hubiera hecho. Recuerden que vino y tomó a lo vil y lo menospreciado de la sociedad y lo transformó en algo hermoso. Anduvo entre pescadores analfabetos (y probablemente muy poco aseados y hediondos), sanó leprosos (qué atroz la lepra) , protegió a las viudas, a los huérfanos, a los sin hogar, (a que quién le importa no es mi problema), miró con amor al borracho, a la ramera, al ladrón (uf qué horror) y ahora nos arrancamos y escondemos del que se ve sucio, seleccionamos a quién hablarle del amor porque obvio qué mal se vería que alguien de terno y corbata esté sentado en el pasto hablando con un drogadicto. Jesús lo hubiera hecho, y le hubiera invitado a sentarse a su mesa, como lo hizo con todos nosotros, los de los "pecados menos feos". Así como la coja, hay miles de invisibles, viles y menospreciados, de los que nos hacemos los ciegos sordos y mudos para ojalá nunca toparnos. Ojalá ver de nuevo a la coja, darle un abrazo y decirle que le amo, y ojalá hacerlo de corazón, amarla como nos ama Dios a ambas.